POLIANA, UN JUEGO MANCHADO DE SANGRE, LA ESTRATEGIA MATEMÁTICA TE EXPONE AL LEVANTÓN

POLIANA, UN JUEGO MANCHADO DE SANGRE, LA ESTRATEGIA MATEMÁTICA TE EXPONE AL LEVANTÓN

POR OMAR HERNÁNDEZ Reporteros de la Sirena Roja visitaron en el corazón de la colonia Buenos Aires, uno de los barrios más bravos de la Ciudad

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POR OMAR HERNÁNDEZ

Reporteros de la Sirena Roja visitaron en el corazón de la colonia Buenos Aires, uno de los barrios más bravos de la Ciudad de México, a unos pasos de donde ocurrió el multihomicidio, de la última semana de febrero, que dejó como saldo seis muertos y tres masculinos más debatiéndose entre la vida y la muerte.

El olor a luto se percibe, el barrio está triste por la sanguinaria masacre recién ocurrida, pero esto no borra las sonrisas de los aun desconcertados vecinos que se sienten “sacados de onda”, así lo confiesan hoy para nuestro medio informativo.

Los deportes tradicionales, los juegos de sábado, la chela y el trago nunca faltan, un toque de mota se acepta, el clásico “América – Chivas” y la familia se reúne para pasarla bien un rato, despejarse de la violento acontecer de su día a día, tomar otra cerveza, y jugar “Poliana”.

Este colorido y numérico tablero hecho de madera y acrílico, se inventó, se diseñó y se vende en los reclusorios mexicanos; hay internos quienes se dedican a su fabricación, es un trabajo artesanal hecho por manos ensangrentadas, manchadas de dinero sucio y con olor a pólvora.

Originalmente el tablero es para cuatro jugadores, pero los hay también de seis y de ocho, según la preferencia del cliente que lo mande a fabricar, hay modelos según sus gustos y hasta equipados con luces y bocinas, dice “el Pollo” un vecino de la familia a la que visitamos.

Hasta ahora no hay producción en serie de la Poliana, solamente por pedido son las entregas, “si tienes un conecte directo, lo consigues en chinga, pero si lo traspaleas de una mano a otra, te tardas de tres a seis meses en conseguirlo”.

El juego no tiene manual de usuarios, las reglas se transmiten de boca en boca, pero ya es una moda que se juega muy cotidianamente en barrios capitalinos como Tepito, la Buenos Aires, Santa Julia, La Obrera, La Merced, en la Central de Abasto, así como en centros de reunión como cantinas, piqueras y pulcatas.

Se juega con dos dados, explica El Pollo, cada participante tiene cuatro fichas, que representan a los reos y a los custodios; son de diferentes colores y cada jugador es representado por un color; verde, azul, amarillo o rojo, como tradicionalmente se fabrican estos entretenidos juegos de mesa, en los que cuatro jugadores pueden tardar hasta seis horas para uno de ellos gane.

Para poder iniciar la partida, cada jugador debe tirar los dados hasta que salga sumado el número “6” y sale por la casilla cero. Si los dados marcan “6 y 3” se inicia en la casilla número tres. Cuando los dados salen pares, el jugador tira doble.

El tablero representa el reclusorio y la manera de escapar hacia la libertad; se tiene que recorrerlo para poder ganar “huyendo”. Como todos los juegos tiene sus trucos, estrategias, secretos y mañas, así como casillas que son lugares fuera de peligro; el riesgo es regresar tu ficha a la celda que representa el inicio de partida, “la zona cero”, porque entonces vuelves a iniciar porque no lograste escapar. Aquí no hay túneles, como el que sirvió a El Chapo para salir de Almoloya.

El juego es muy largo, pues es un entretenimiento por excelencia para los atorados, los reclusos que deben cumplir largas sentencias en las grises celdas de las cárceles mexicanas. Pero es preciso saber sumar, pues el mayor reto es de estrategia matemática.

Este nuevo y subterráneo juego tiene su grado de misticismo y también está manchado de sangre, pues se le “achacan” muchos atorones e innumerables asesinatos y levantones; los vecinos le atribuyen la principal responsabilidad del multihomicidio de días pasados.

Al jugar aseguran estar en un momento de vulnerabilidad al no estar alertas de los enemigos ni de la policía, ya que se necesita una total concentración para poder ganar pues tradicionalmente los jugadores apostaban sus fraudulentos e ilegales motines.

En la cárcel se juega, hay apuestas, ahí no hay atorones, pero sí se llegan a dar levantones, entre ellos, se apuesta la molleja, que es el reloj, se ponen los anillos, por baratos que sean y hasta un toque o la caja de cigarros.

En la calle, también hay apuestas, pero la principal apuesta es por la vida. Hoy se sabe que han sido varios los grupos de jugadores de poliana que han sido agredidos, atacados, detenidos y balaceados, como ocurrió en la Buenos Aires, hay que jugarlo encerrados, pero siempre alertas.