EL CARTERISTA CON SU DOS DE BASTOS

EL CARTERISTA CON SU DOS DE BASTOS

Por Martín Takagui Sus habilidades y sensibilidad son las principales armas Una de las formas más antiguas de robar al distraído, al que se en

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Por Martín Takagui

  • Sus habilidades y sensibilidad son las principales armas

Una de las formas más antiguas de robar al distraído, al que se encuentra entre la multitud o que vieja apachurrado en el transporte público es el carterismo, y es sencillamente el que consiste en sacar de tu bolsillo la cartera y “ganarte a la buena” según reza el caló rateril.

Desde los años veinte y hasta los sesentas, era muy común escuchar que al señor le robaron la cartera cuando viajaba en el tranvía, en el camión de a 30 o, incluso, cuando iba en el colectivo, aquellos conocidos como los cocodrilos.

Y es que el carterista es un ladrón, un ratero especializado en la delicadez, en la discreción, en la sensibilidad y la decencia para acercarse a la víctima, una persona de la que no se puede dudar por su aspecto, pues de otra manera no podría acercarse a la víctima sin ser descubierto.,

La técnica es no generar desconfianza, buscar movimientos y oportunidades para irse acercando, pero esto, una vez que ha sido observada la víctima. Muchas veces se nota en donde, en qué bolsa viene la cartera y es así como se inicia el proceso de ubicación y acercamiento, del lado derecho o del izquierdo.

Pues resulta que para ello, el carterista debe ser ambidiestro, o sea que la misma habilidad que tiene en la mano derecha la pueda aplicar en la izquierda, porque el secreto es aplicar el llamado “Dos de Bastos”, que no es más que una pinza que se integra con los dedos índice y medio que deben ser fuertes, pero al mismo tiempo delicados y extraordinariamente rápidos.

Con solamente esos dos dedos, el rata irrumpe en el bolsillo, aprieta la pinza y saca finamente el objeto, lo cambia de mano y de inmediato se aleja, entre los empujones, los movimientos y la distracción, la víctima no siente que algo le falta en la bolsa, sino hasta que retoma su caminata y se siente ligero.

Para entonces el ladrón, ya sacó tarjetas de crédito, identificaciones, tarjetas de presentación, licencia de conducir y toda clase de documentos importantes que uno guarda hasta hacer engordar la cartera desmedidamente. Todo eso ya está en la basura, menos el efectivo y las tarjetas.

Los carteristas trabajan en parejas normalmente, pues se posicionan uno detrás del otro, para que, en caso de que la víctima perciba el movimiento y reclame, en menos de un segundo, la cartera ya está en la mano del cómplice, quien de inmediato la oculta y avanza como si fuera un total desconocido.

A la hora del reclamo por parte de la víctima, el hábil ladrón se siente con la confianza de decir, “a mí, que me esculquen”, pues el botín ya se encuentra en poder del que se alejó.

De inmediato, los ladrones salen del metro, en la zona en donde ya tienen ubicados centros comerciales, tiendas de envío de dinero, o cualquier otra forma de recuperar o consumir artículos caros, mismos que se apresuran a comprar con las tarjetas hasta que dejan de pasar por las cajas.

Muchas veces aun cuando la víctima reporte de inmediato el robo de los plásticos, la información no se dispersa hacia los establecimientos y los ladrones cumplen son su cometido, haciendo compras por varios miles o decenas de miles de pesos, lo que depende de la capacidad de crédito de la víctima.

¡Aguas con las carteras!, es una expresión propia de los amigos, cuando se acerca otro al que se le puede acusar, como broma, de ratero.